Hay rutas que empiezan mucho antes de ponerse las botas.
Empiezan cuando abres el mapa, encuentras un recorrido que te llama la atención y empiezas a pensar: ¿cuántos kilómetros serán?, ¿cuánto se tarda?, ¿será muy complicada?, ¿qué tiempo hará?
Y ahí está una de las partes más importantes del senderismo: saber lo que vas a encontrarte antes de salir.
Preparar una ruta de senderismo no significa convertir una escapada a la montaña en una operación militar. Al contrario. Una buena planificación sirve precisamente para disfrutar más, caminar con mayor tranquilidad y evitar esos pequeños problemas que pueden convertir una ruta estupenda en una mala experiencia.
En esta guía vamos a ver cómo preparar una ruta de senderismo de un día, qué revisar antes de salir y qué decisiones merece la pena tomar con antelación.
Elegir una ruta que encaje contigo
El primer error es elegir una ruta únicamente porque las fotos son bonitas.
Y sí, las fotos importan. Son parte de la gracia de salir a la montaña.
Pero antes de decidirte, hay otras preguntas que deberías hacerte.
¿Cuántos kilómetros tiene?
¿Cuánto desnivel acumula?
¿Hay tramos técnicos?
¿Cuánto tiempo estimado lleva completarla?
¿Es circular o hay que volver por el mismo camino?
¿Está bien señalizada?
Una ruta de 12 kilómetros puede resultar sencilla o convertirse en una jornada bastante exigente dependiendo del terreno y del desnivel.
Por eso, cuando empieces a buscar una ruta, intenta mirar el recorrido completo y no solamente la distancia.
Distancia no es lo mismo que dificultad
Dos rutas con los mismos kilómetros pueden ser completamente diferentes.
No es lo mismo caminar 10 kilómetros por una pista cómoda que recorrer esa distancia con un desnivel importante, piedras, raíces y continuas subidas y bajadas.
El desnivel es uno de los datos que más te ayudará a hacerte una idea del esfuerzo que vas a realizar.
También es importante valorar tu experiencia.
Si estás empezando, probablemente sea más interesante elegir una ruta sencilla y disfrutarla que intentar completar un recorrido demasiado exigente por el simple hecho de que “sobre el papel” puedes hacerlo.
Calcula cuánto tiempo vas a necesitar
Una vez elegida la ruta, llega otra pregunta importante:
¿Cuánto voy a tardar?
La información que encontrarás en una aplicación o en una web de rutas puede darte una estimación, pero no debes tomarla como una cifra exacta.
Tu ritmo dependerá del terreno, el desnivel, las paradas y tu condición física.
Además, una ruta de seis horas sobre el papel puede terminar siendo una jornada de siete u ocho horas si haces fotografías, paras a comer o simplemente te apetece disfrutar del paisaje.
Por eso es mejor dejar margen.
No planifiques llegar con el tiempo justo
Si calculas que terminarás a las seis, intenta no plantearte el día como si a las seis en punto tuvieras que estar ya en el coche.
En montaña siempre puede aparecer algo que retrase el recorrido.
Una parada inesperada.
Un tramo más complicado de lo previsto.
Una pequeña equivocación al seguir el sendero.
Una zona donde merece la pena detenerse.
Planificar con margen no significa ser pesimista.
Significa darte tiempo para disfrutar.
Revisa el desnivel antes de salir
El desnivel suele decirte mucho más sobre una ruta de lo que parece.
Una ruta con pocos kilómetros pero mucho desnivel acumulado puede exigir bastante más que otra más larga y prácticamente llana.
También es importante fijarse en cómo está repartido.
No es lo mismo acumular todo el desnivel al principio que enfrentarte a varias subidas a lo largo de todo el recorrido.
Si una ruta incluye una subida especialmente larga, conviene saberlo antes de empezar.
Así puedes regular el ritmo desde el principio y evitar salir demasiado rápido.
Mira el recorrido sobre un mapa
Nunca está de más dedicar unos minutos a mirar la ruta antes de salir.
Aunque conozcas la zona, familiarizarte con el recorrido te ayudará a entender dónde estarás en cada momento.
Fíjate especialmente en:
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Inicio y final.
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Cruces de caminos.
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Puntos de interés.
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Zonas de subida y bajada.
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Posibles alternativas.
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Puntos de agua.
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Carreteras o zonas de paso.
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Tramos donde pueda resultar más fácil perderse.
No hace falta memorizar el mapa.
Simplemente intenta tener una visión general del recorrido.
Descarga la ruta antes de empezar
Confiar exclusivamente en tener cobertura durante toda la ruta puede ser un error.
En zonas de montaña puede haber tramos sin señal, así que es recomendable llevar el recorrido preparado para poder consultarlo sin conexión.
Si utilizas una aplicación de navegación, descarga previamente el mapa o el track que necesites.
Y si tienes un reloj GPS, también puedes llevar la ruta cargada para consultar el recorrido durante la actividad.
Lo importante es no depender de una única herramienta.
El móvil puede quedarse sin batería.
El GPS puede fallar.
Y una aplicación puede no mostrar correctamente una zona.
Por eso, cuanto mejor conozcas el recorrido antes de salir, menos dependerás de la tecnología durante la marcha.
Comprueba la previsión meteorológica
La montaña puede tener un tiempo muy diferente al que encuentras en casa.
Por eso no basta con mirar por la ventana antes de salir.
Comprueba la previsión específica de la zona y presta atención a la temperatura, el viento, la lluvia y la evolución durante las horas que vas a estar fuera.
Una mañana despejada no garantiza que cuatro horas después continúe igual.
Fíjate especialmente en el viento
A veces la temperatura no parece especialmente baja, pero el viento cambia por completo la sensación térmica.
Esto es especialmente importante en zonas expuestas y durante los meses fríos.
Una ruta que sobre el papel parece agradable puede sentirse muy diferente al llegar a una cresta o una zona abierta.
¿Qué pasa si dan lluvia?
No significa necesariamente que tengas que cancelar todos tus planes.
Pero sí que debes valorar si la ruta sigue siendo adecuada.
La lluvia puede cambiar considerablemente el terreno: barro, roca resbaladiza, pequeños cauces de agua o peor visibilidad.
Además, una ruta sencilla con buen tiempo puede tener un nivel de dificultad diferente cuando las condiciones se complican.
Elige la ropa pensando en la actividad, no solo en la temperatura
Uno de los errores más habituales es mirar únicamente los grados que marca la previsión.
Pero cuando vas a caminar, también tienes que pensar en el esfuerzo.
Subiendo puedes tener mucho calor aunque haga frío. Y diez minutos después, al parar, puedes necesitar una capa más.
Por eso el sistema de capas tiene tanto sentido en montaña.
Una primera capa técnica puede ayudarte a gestionar el sudor. Una segunda capa aporta aislamiento cuando necesitas más calor y una tercera capa protege frente al viento y la lluvia.
No se trata de salir completamente abrigado.
Se trata de poder adaptar la ropa a lo que va ocurriendo durante la ruta.
El calzado debe adaptarse al terreno
También aquí conviene evitar una regla universal.
No todas las rutas necesitan botas de montaña.
Para algunos recorridos sencillos puede ser suficiente un calzado de trekking ligero. En terrenos más irregulares, húmedos o exigentes puede interesar una construcción más protectora.
Antes de elegir, piensa en la superficie que vas a encontrar.
¿Pista?
¿Sendero de tierra?
¿Piedra?
¿Barro?
¿Roca mojada?
La elección del calzado debería responder a esas preguntas.
Y hay otra cuestión fundamental:
no estrenes un calzado nuevo el día de una ruta larga.
Una buena salida no es el mejor momento para descubrir que unas zapatillas aparentemente cómodas necesitan todavía un periodo de adaptación.
Planifica las paradas
Una ruta no es una carrera.
Si vas a estar varias horas fuera, cuenta con que tendrás que parar.
Puedes reservar algunos momentos para comer, beber, descansar o simplemente disfrutar del entorno.
También puedes utilizar las paradas para revisar cómo estás y comprobar que el ritmo sigue siendo adecuado.
Esto tiene especial importancia en rutas largas.
Es mejor mantener un ritmo constante que empezar demasiado rápido y llegar a la mitad del recorrido completamente agotado.
Lleva suficiente agua y comida
La cantidad dependerá de la duración de la ruta, la temperatura y las posibilidades de encontrar agua durante el recorrido.
Antes de salir, comprueba si existen fuentes y, sobre todo, si son puntos de agua en los que realmente puedas confiar.
No cuentes con encontrar una fuente simplemente porque aparece señalada en un mapa antiguo.
Con la comida ocurre algo parecido.
No necesitas llevar media despensa, pero sí algo que puedas consumir fácilmente durante la ruta.
La comida de montaña debería ser práctica, resistente y fácil de comer durante una parada.
Y, sobre todo, debería ser comida que ya sepas que te sienta bien.
Una ruta larga no es el mejor momento para experimentar con algo que nunca has probado.
Presta atención a las horas de luz
Este punto puede parecer secundario, pero cambia completamente la planificación según la época del año.
Una ruta que puedes terminar tranquilamente a las ocho de la tarde en verano puede convertirse en un problema en noviembre.
Antes de salir, calcula no solo cuánto dura la ruta, sino a qué hora vas a terminar.
Y deja margen.
Si el recorrido puede alargarse y vas a estar fuera hasta última hora, llevar una linterna frontal puede ser una pequeña inversión de espacio y peso que merece mucho la pena.
Informa a alguien de tu ruta
No necesitas anunciar tus planes a medio mundo.
Pero sí es buena idea que alguien cercano sepa dónde vas a estar, especialmente si haces la ruta solo o vas a una zona poco transitada.
Puedes compartir el recorrido, el punto de inicio y una hora aproximada de regreso.
Es una precaución muy sencilla y no te cuesta nada.
Qué comprobar la noche anterior
La preparación más útil suele hacerse el día anterior.
Antes de acostarte, comprueba:
La ruta
Revisa el recorrido y asegúrate de que sigues teniendo claro dónde empieza y dónde termina.
La meteorología
Mira de nuevo la previsión. El tiempo puede haber cambiado respecto a cuando elegiste la ruta.
El material
Prepara la ropa, el calzado, la mochila y todos los accesorios que vayas a necesitar.
La batería
Carga el móvil, el reloj GPS y cualquier dispositivo que vayas a utilizar.
El horario
Comprueba cuánto tiempo tienes disponible y a qué hora empieza a anochecer.
Llegar a la mañana de la ruta con todo preparado hace que el día empiece mucho mejor.
Qué hacer antes de empezar a caminar
Ya estás en el punto de inicio.
Tienes la mochila preparada, las botas puestas y la ruta cargada.
No tengas prisa por salir corriendo.
Dedica un par de minutos a comprobar que todo está en orden.
Ajusta bien la mochila.
Ata correctamente los cordones.
Comprueba que tienes agua a mano.
Mira el recorrido inicial.
Y empieza tranquilo.
Los primeros kilómetros sirven también para encontrar tu ritmo.
Durante la ruta, escucha lo que te está diciendo el cuerpo
La montaña no va a ninguna parte.
Si tienes que bajar el ritmo, bájalo.
Si necesitas beber, bebe.
Si tienes calor, quita una capa.
Si empieza a llover, ponte la protección antes de estar completamente empapado.
Muchas malas experiencias empiezan por ignorar pequeñas señales porque “queda poco”.
Una ruta debería terminar con ganas de volver a salir, no con la sensación de haber sobrevivido por poco.
¿Y si algo no sale como estaba previsto?
Parte de preparar una ruta también consiste en asumir que puede cambiar.
Puede que tardes más.
Puede que el tiempo empeore.
Puede que estés más cansado de lo esperado.
Puede que una parte del sendero esté cerrada.
En ese momento, cambiar de planes no significa que hayas fracasado.
Dar la vuelta, acortar la ruta o buscar una alternativa puede ser la decisión más sensata.
Uno de los mayores aprendizajes cuando empiezas a hacer montaña es entender que terminar una ruta no siempre significa llegar al punto que aparecía en el mapa.
A veces significa volver a casa en buenas condiciones.
Cómo mejorar tus rutas con la experiencia
Cuantas más rutas haces, más fácil resulta prepararlas.
Empiezas a reconocer qué ropa necesitas con determinada temperatura.
Aprendes cuánta agua sueles beber.
Descubres qué comida te funciona mejor.
Aprendes qué tipo de terreno te resulta cómodo.
Y empiezas a entender tu propio ritmo.
Por eso, después de una ruta larga, merece la pena pensar durante unos minutos en cómo ha ido.
¿Qué te ha sobrado?
¿Qué has echado de menos?
¿Has pasado frío?
¿Has llevado demasiado peso?
¿El calzado ha funcionado bien?
Es una forma sencilla de mejorar tu siguiente salida.
Checklist para preparar una ruta de senderismo
Antes de salir, guarda esta pequeña lista:
Ruta: ¿sé por dónde voy y cuánto dura aproximadamente?
Desnivel: ¿he comprobado cuánto voy a subir y bajar?
Meteorología: ¿he revisado el tiempo para las horas de la actividad?
Ropa: ¿puedo adaptar mis capas si cambia la temperatura?
Calzado: ¿es adecuado para el terreno?
Agua y comida: ¿llevo suficiente para la duración prevista?
Navegación: ¿tengo la ruta descargada?
Batería: ¿el móvil y el GPS están cargados?
Luz: ¿tendré suficiente luz durante todo el recorrido?
Plan B: ¿sé qué hacer si el tiempo empeora o no puedo completar la ruta?
Si has respondido que sí a todo, ya tienes gran parte del trabajo hecho.
Preparar una ruta también forma parte de la aventura
Hay algo bonito en preparar una ruta de senderismo.
Buscar el recorrido, descubrir dónde empieza, mirar las fotos, estudiar el mapa y pensar qué te vas a encontrar también forma parte de la experiencia.
Y cuanto mejor conozcas la ruta, más fácil será disfrutarla.
No necesitas tener el equipamiento más técnico ni saberlo todo antes de empezar.
Necesitas conocer tus límites, prestar atención a las condiciones y estar preparado para cambiar de planes cuando sea necesario.
Porque salir a la montaña no consiste únicamente en llegar a un sitio.
También consiste en disfrutar del camino para llegar hasta allí.
Preguntas frecuentes sobre cómo preparar una ruta de senderismo
¿Cómo elegir una ruta de senderismo?
Ten en cuenta la distancia, el desnivel, el tipo de terreno, la duración prevista y tu experiencia. También es importante comprobar las condiciones meteorológicas y el estado actual del recorrido.
¿Cuántos kilómetros hacer en una ruta de senderismo?
No existe una distancia ideal para todo el mundo. Dependerá de tu experiencia, el desnivel, el terreno y el tiempo disponible. Para empezar, es mejor elegir una ruta que puedas completar cómodamente que fijarte únicamente en los kilómetros.
¿Qué mirar antes de hacer una ruta de montaña?
Revisa el recorrido, el desnivel, la meteorología, las horas de luz, los puntos de agua, el tipo de terreno y la posibilidad de encontrar cobertura durante el trayecto.
¿Es necesario llevar GPS para hacer senderismo?
No es imprescindible en todas las rutas, especialmente si están bien señalizadas. Sin embargo, llevar un GPS, un reloj con navegación o una ruta descargada en el móvil puede resultar útil, especialmente en recorridos poco conocidos.
¿Qué hacer si cambia el tiempo durante una ruta?
Adapta el ritmo y el equipamiento a las nuevas condiciones. Si la meteorología empeora considerablemente o la ruta deja de ser segura, valora acortar el recorrido o regresar.
¿Es mejor hacer una ruta de senderismo solo o acompañado?
Depende de la experiencia, el recorrido y las condiciones. En rutas sencillas y conocidas puede ser una opción, pero en recorridos largos, aislados o técnicamente exigentes es recomendable valorar los riesgos y contar con compañía.
¿Cuándo es mejor empezar una ruta de senderismo?
Depende de la duración, la época del año y la temperatura. Lo importante es disponer de suficiente tiempo para completar el recorrido con margen antes de que anochezca y evitar las horas de mayor calor cuando las temperaturas sean elevadas.
¿Hay que revisar la ruta justo antes de salir?
Sí. Aunque la hayas preparado días antes, conviene comprobar de nuevo la previsión meteorológica y cualquier aviso o cambio relevante del recorrido antes de comenzar.







